La transmisión del gentilicio andalusí de origen iberorromance al-muntağīlī en el Iqtibās al-anwār de Abū Muḥammad al-Rušāṭī (s. XII d.C.)

The Transmission of the Andalusian Demonym “al-muntadjīlī”, included in the Genealogical Dictionary Iqtibās al-Anwār (XII century AD) by Abū Muḥammad al-Rušāṭī

Katjia TORRES - Universidad de Sevilla, España

Resumen: El presente artículo aborda la transmisión del gentilicio andalusí al-muntağīlī, derivado de un topónimo iberorromance, recogido en el diccionario bio-bibliográfico Iqtibās al-anwār (siglo XII d.C.) de Abū Muḥammad al-Rušāṭī. Partiendo de la información lingüística –etimológica y morfológica– que el autor proporciona del mismo, estudiamos diacrónicamente los fenómenos fonéticos que registra, introducimos la obra donde se recoge y tratamos la relevancia de la misma como fuente válida para el estudio del andalusí dados los rasgos diatópicos, diastráticos y diafásicos que registra. Concluimos con la idoneidad de considerar el género biográfico como fuente documental válida para el estudio diacrónico del andalusí.
Palabras clave
: andalusí; iberorromance; diacronía; Iqtibās al-anwār; Abū Muḥammad al-Rušāṭī; al-muntağīlī.

Abstract: This article deals with the transmission of the Andalusian demonym “al-muntadjīlī”, included in the genealogical dictionary Iqtibās al-Anwār (XII century AD) by Abū Muḥammad al-Rušāṭī. Our analysis is based on the linguistic information –etymological and morphological– that this demonym, derived from an Iberan-Romace place name, provides. We describe the relevant diachronic phonetic phenomena that this demonym records. We present this genealogical dictionary and its relevance as valid linguistic source given the diatopic, diaphasic and diastratic variations that includes. In conclusion, we discuss the relevance of the biographical sources in general and of this dictionary in particular for the diachronic study of the Andalusian-Arabic.
Keywords
: Andalusian; Iberian-Romance; Diachrony; Iqtibās al-anwār; Abū Muḥammad al-Rušāṭī; al-muntadjīlī.


Plano
Introducción
Dialecto andalusí. Definición y fuentes para su estudio

Estudio diacrónico del gentilicio andalusí al-muntağīlī recogido en el Iqtibās al-anwār de Abū Muḥammad al-Rušāṭī (Orihuela 466 H./1074 d.C.-Almería 542 H./1147 d.C.)
Los diccionarios bio-bibliográficos como fuentes de estudio del haz dialectal andalusí

Al-Muntağīl (= ¿Montiel?), /M[ʋ]nt[i][ḡ]il[l]iyyu/ /M[ʋ]nt[i][q]īll[uh]/ /M[ʋ]nt[i][k]il[l]iyyu/ (= ¿Montículo)? o /M[ʋ]nt[e][č]il[l]iyyu]/ (= *Montecellu> ¿Montecillo?)
Conclusión

Bibliografía
Al-Rušāṭī y el Kitāb iqtibās al-anwār: fuentes
Al-Rušāṭī y el Kitāb iqtibās al-anwār: estudios
El haz dialectal andalusí
Fuentes historiográficas, arqueológicas y filológicas
El género biográfico y los diccionarios biobibliográficos
Masālik wa mamālik y ʻağā’ib wa ġarā’ib
Diccionarios
Lengua castellana

Introducción  Volver al inicio

1Las fuentes árabes [1] (García Sanjuán, 2004), en general, y las andalusíes, en particular, constituyen una base documental diversa y heterogénea válida para el estudio de la interferencia del iberromance en el andalusí, como lo constatan las investigaciones de carácter lingüístico, historiográfico y arqueológico que se vienen realizando en España, a partir de la segunda mitad del siglo [2].

2Desde la perspectiva lingüística, especialmente útiles son las obras sobre las incorrecciones del vulgo (laḥn al-ʻāmma), los textos redactados en dialecto pleno, en árabe culto y en árabe medio, los glosarios latino-árabes o arábigo-españoles, la literatura aljamiada, los textos que recogen los arabismos y la onomástica andalusí –toponimia y antroponimia–. Paralelamente, se dispone de fuentes auxiliares como las obras geográficas, historiográficas y los diccionarios biobibliográficos, que permiten conocer las variantes diacrónicas, diatópicas, diafásicas y diastráticas del haz dialectal andalusí, entre otras cuestiones.

3Dentro de esta última categoría documental se encuentra el Kitāb Iqtibās al-anwār wa-iltimās al-azhār fī ansāb al-ṣaḥāba wa ruwāt al-aṯār de Abū Muḥammad al-Rušāṭī (1990), un diccionario biobibliográfico, único en su especie –“kitābun ġarībun”– (al-Ḍabbī, 1967: 943), gracias a sus rasgos macro y microtextuales, que sienta precedentes –“lam yusbaq ilà miṯli-hi”– (al-Djāsir, 1991: 611) en la renovación del género biográfico desarrollado en al-Ándalus a partir del siglo XII d.C. (Ibn al-Abbār al-Quḍāʻī, 1989: n.º 200).

4El Iqtibās proporciona información lingüística –morfológica, sintáctica y fonética– recogida en los topónimos, potamónimos y gentilicios de origen iberorromance y en las estructuras sintagmáticas en las que se insertan. Nuestro estudio analiza las variantes léxicas dialectales del andalusí reflejadas en un gentilicio de origen iberorromance المنتجيلي al-muntağīlī– (al-Rušāṭī, 1990: 23), cuya pervivencia se documenta en fuentes geográficas árabes andalusíes y orientales de entre los siglos X-XIII d.C. (Marín, 1995: 350; al-Rušāṭī, 1990; Castilla, 1990; al-Ḥamawī, s.d.V: 240). Al-Rušāṭī (1990: 64) lo toma de la biografía que dedica Ibn ʻAfīf (m. 1019 o 1029) (Castillla, 1990) en su obra hoy perdida Aḫbār al-quḍāʼ wa-l-fuqahāʼ bi-qurṭuba (Marín, 1995: 350) al juez cordobés Abū ʻUmar Aḥmad b. Saʻīd b. Ḥazm b. Yūnus al-Ṣadafī al-Muntağīlī (m. 961 d.C.) (Torres, 2010; 2007; Marín, 1995: 350-354; Ibn al-Faraḍī, 1988: n.º 142; al-Ḥumaydī, s.d.: n.º 214; al-Ḍabbī, 1967: 411; al-Ṣafadī, 1962-1983: n.º 2900).

5En la presente investigación analizamos los rasgos léxicos diatópicos, diafásicos y diastráticos –fonológicos y morfológicos– de una posible muestra de variante dialectal andalusí levantina con interferencias léxicas del iberorromance, recogida en una nisba, que revela el proceso de adquisición de romancismos del sustrato (Ferrando, 1995a: 71-74; Corriente, 1992: 31), consecuencia de situaciones de bilingüismo. Dicha nisba está incluida en una obra genealógica andalusí de la primera mitad del siglo XII d.C. redactada en árabe medio (Ferrando, 1995a: 147-158). Para la comprensión de dicha realización, contextualizamos obra y autor y concluimos señalando la idoneidad de las obras genealógicas para el estudio del andalusí, dada su relevancia documental.


Dialecto andalusí. Definición y fuentes para su estudio  Volver al inicio

6Se entiende por andalusí (Corriente, Pereira y Vicente, 2015: xvii-xx; Ferrando, 2001: 159-165; Corriente, 1992: 33-36; 1977: 1-4; García Gómez, 1972; Samsó, 1977; Díaz, 1973; Mutlaq, 1967; Hoenerbach, 1965; Seco de Lucena, 1961; Colin, 1960; Steiger, 1932) el resultado de la interferencia de algunos dialectos árabes que fueron introducidos en el siglo VIII d.C., con la entrada de los árabes, beréberes y hebreos, y las respectivas peculiaridades lingüísticas regionales de los habitantes de la Península (Corriente, 1992: 33) y que pervivieron hasta el siglo XVI (Samsó, 1977: xi). Según la clasificación de Yannick Anssens-Lestienne (1983: 14), los dialectos árabes andalusíes se dividen en cuatro grupos conforme a los rasgos diferenciales locales que registran. Así, en el grupo de los dialectos del sur peninsular se incluyen las variantes del andalusí que se hablaba en Sevilla, Córdoba y Granada (Colin, 1967-1968; 1931; 1928; García Gómez, 1929); en las Marcas (Ferrando, 1995b), la variante de Aragón (Ferrando, 2001; 1998; Colin, 1931); en el Levante, las de Valencia y Murcia (Labarta, 1985; Fórneas, 1967); y, por último, como cuarto grupo se distinguen las variantes dialectales de Portugal.

7La interacción entre los dialectos árabes introducidos y los oriundos peninsulares originó que el andalusí fuese considerado como lengua de uso popular y que tanto el árabe clásico como el culto (Corriente, 2013) quedasen limitados a un uso administrativo y de una cierta élite social y cultural, dándose origen a un bilingüismo que se consolidaría en el siglo XIII d.C.

8Esta realización del haz dialectal andalusí posee una importancia capital “para el estudio de la dialectología árabe y para la lingüística hispánica” (Corriente, 1992: 35), por ser considerada un fenómeno lingüístico extraño, aislado y sin conexión con las demás hablas dialectales del mundo árabe (Díaz García, 1977: 130) que suele incluirse en el haz de hablas magrebíes, por las supuestas semejanzas entre los usos lingüísticos entre ambas zonas del Estrecho de Gibraltar.

9Desde las perspectivas lingüística e histórica, el estudio del andalusí estuvo marcado por las investigaciones parciales de Arnald Steiger (1930), Emilio García Gómez (1972), Julio Samsó (1977), Amador Díaz García (1973) [3], Corriente y Bouzineb (1994), Marugán Güémez (1994); Ould Mohamed Baba (2012), entre otros, y por los primeros estudios globales de G. S. Colin (1960) y de Federico Corriente (2013; 1996; 1995; 1994; 1993).

10Las fuentes disponibles para el estudio del andalusí son numerosas, conforme a la clasificación de Julio Samsó (1977) y Amador Díaz García (1973), y se pueden agrupar en:

- Obras gramaticales relativas a las “incorrecciones del vulgo” (laḥn al-āmma). Se desarrollan en gran medida en las zonas andalusí y norteafricana, siendo sus dos fuentes básicas las obras de al-Zubaydī (2000) y de Ibn Hišām al-Laḫmī (Pérez Lázaro, 1990; Amador Díaz, 1973; Matar, 1960).

- Textos escritos en dialectal pleno. Dentro de los textos de carácter literario destaca las ediciones y estudios críticos del dīwān de Ibn Quzmān (Corriente, 2013, 1996, 1995; García, Gómez, 1972) que representa un periodo característico del arabismo y medievalismo hispánicos, donde abundan las ediciones de fuentes y estudios específicos sobre las mismas, siendo escasos los estudios de carácter general. Paralelamente, destaca el trabajo de Albir Habib Mutlaq (1967) sobre la evolución lingüística en al-Andalus, desde la entrada de los árabes y beréberes hasta los reinos de taifas (711-1106), donde analiza los estudios realizados por los gramáticos y lexicógrafos andalusíes de dicho período.

- Textos en árabe medio o la koiné escrita medieval que revela un sustrato de la lengua hablada. Todos ellos corresponden a una lengua con cierto grado de uniformidad donde destacan peculiaridades diatópicas, que permiten distinguir cuatro grandes zonas dialectales - andaluza, valenciana, aragonesa y portuguesa. Relevantes son las memorias del rey zirí ʻAbd Allāh, editadas por Lévi-Provençal (1941, 1935-6) y estudiadas por Ṭaha al-Hadjiri (1963) en su polémico artículo sobre la sintaxis del andalusí (Samsó, 1977: xx).

- Fuentes en árabe medio, siendo su mayor parte documentos de carácter legal (Seco de Lucena, 1961; Cabanelas, 1985, 1984 y Hoenerbach, 1965).

- Los glosarios latino-árabes o arábigo-españoles, compuestos durante la dominación islámica o a raíz de la Reconquista y las doctrinas cristianas redactadas en árabe vulgar, destinadas a la conversión de los musulmanes-moriscos de las zonas recién conquistadas. Existen tres glosarios compuestos redactados a raíz de la toma de Granada por los Reyes Católicos, que constituyen un documento inigualable para conocer las características del haz dialectal andalusí. El más antiguo es el Glossarium Latino-Arabicum (Seybold, 1900), el segundo, en antigüedad, es el Vocabulista in arábigo, compuesto, probablemente, en el Levante español, a finales del siglo XIII y que se atribuye a Raimundo Martín o a Ramón Martí (1871). El más moderno de los tres es el Arte para ligeramente saber la lengua araviga y Vocabulista en letra castellana de Pedro de Alcalá de 1883 (Corriente, 1991, 1989; 1988).

- Los textos en verso o en prosa escritos en árabe dialectal, tales como correspondencia personal o familiar, contratos privados, recibos, entre otros. Estos dos últimos ofrecen información muy valiosa de la morfosintaxis del haz dialectal andalusí desde los aspectos diafásicos, diatópicos y diastráticos (Díaz, 1973).

- Otras fuentes las encontramos en la literatura aljamiada, la onomástica andalusí –toponimia y antroponimia–, que permite obtener datos de las hablas rurales, y los arabismos de las lenguas peninsulares.

11Paralelamente, se dispone de los estudios históricos de Asín Palacios (1944), Félix Hernández Jiménez (1961, 1960, 1944), Joaquín Vallvé (1986, 1972) y los de Jacinto Bosch Vilá (1988, 1985-6, 1980, 1954) y su escuela.

12Con los trabajos relativos a la toponimia tribal y clánica árabe y beréber de Pierre Guichard (1995), se inicia una etapa de renovación en estos estudios que culminará con la publicación de la obra geográfica de al-ʻUḏrī (1955), que permitió la identificación de nuevos topónimos.

13De todo este corpus documental, nuestra investigación se sirve, principalmente de las fuentes genealógicas y geográficas, en combinación con los estudios historiográficos, históricos, arqueológicos y lingüísticos, con el fin de identificar el topónimo en cuestión con una localización posible, cronológicamente hablando, que documente las variantes dialectales que registra (al-Rušāṭī, 1990: 64-65; Ibn al-Ḫarrāṭ, 1990: 166; García Gómez, 1967: 21; 1965: 140). Partiendo de dicha identificación documental, analizamos los rasgos lingüísticos dialectales que registra el gentilicio y su evolución.


Estudio diacrónico del gentilicio andalusí al-muntağīlī recogido en el Iqtibās al-anwār de Abū Muḥammad al-Rušāṭī (Orihuela 466 H./1074 d.C.-Almería 542 H./1147 d.C.)  Volver al inicio

14El Kitāb Iqtibās al-anwār [4] es un diccionario biográfico que compende noticias sobre sabios andalusíes que vivieron entre finales del siglo II H./IX d.C. y la primera mitad del siglo VI H./XII d.C. Su autor es el célebre genealogista Abū Muḥammad ʻAbd Allāh b. ʻAlī b. ʻAbd Allāh b. ʻAlī b. Ḫalaf b. Aḥmad b. ʻUmar al-Laḫmī, al-Marīyī, al-Andalusī (al-Ḍabbī, 1967: n.º 943; Ibn Baškwāl, 1989: n.º 658; Ibn al-Abbār, s.d.: n.º 2151, 1989: 200; Ibn al- Zubayr, 1993: n.º 159; Ibn Ḫallikān. 1948 II: nº 325; al-Ḏahabī, 1985: nº 175; 1968-70: nº 1084; al-Ṣafadī. 1962-83: nº 280; Ibn Diḥya, 1955: 120; al-Maqqarī, 1968 IV: 462), conocido por al-Rušāṭī (Torres, 2014).

15Es una obra que contiene información propia de los diccionarios geográficos (masālik wa mamālik) (Roldán Castro, 1990: 23-32), de las obras históricas, de los relatos sobre las maravillas de la creación (ʻağā’ib wa ġarā´ib) (Molina, 1983; Hernández Juberías, 1996: 249-312), datos de tipo literario y anecdótico (Vidal Beltrán, 1982: 7; Miquel, 1967-1988: 167 y ss.; Le Goff, 1978: 61-79; Fahd, 1978: 117-135) e información lingüística (al- Rušāṭī, 1990: 21, 64).

16El género biográfico comienza a cultivarse en al-Ándalus a finales del siglo III H./IX d.C., pero será la producción del siglo IV H./X d.C. la que marque toda la tradición posterior. Inicialmente, se biografían personajes según su gremio de filiación o su origen geográfico, para, posteriormente, dejar de utilizarse las obras anteriores como referencia, sustituyéndolas por las continuaciones o versiones que se consideraban de más actualidad, no siendo hasta la llegada del Kitāb fī riğāl al-Andalus de Ḫālid b. Saʻd (Ávila, 1997; 1989) cuando se inicie una tradición historiográfica que tenga como objetivo incorporar a todos los andalusíes de relevancia científica. El Iqtibās entra dentro de esta última categoría, fruto de la evolución de los géneros biográfico y geográfico de los siglos XI d.C. y XII d.C. Es un compendio de carácter misceláneo, considerado un referente para su época:

laqad ḥuẓiya haḏā-l-kitāb bi-šuhratin wāsiʻatin munḏu-l-qarni-l-sādisi-l-hiğrī fī-l-andalusi wa aqṭāri-l-maġribī wa-l-mašriqī. Wa-iʻtamda-hu al-luġawiyyūna wa-l-muḥadiṯūna wa-l-muʼarriḫūna wa-l-raḥḥālūna wa ġayru-hum wa qāma ʻadadun mina-l-aʻlām bi-iḫtiṣāri-hi wa min-hum man kāna yasmiya-hu tasmiya muḫtaṣar fa-yaqūlu: `al-ansāb li-l-Rušāṭī (Zamāma, 1992: 407).

17Cada noticia es presentada con la nisba por la que es conocido el biografiado y su estructura sigue el orden clásico de este tipo de obras (Ávila, 1997: 46-49; De la Torre, 1994: 417-418). La biografía, que no suele ser muy extensa, suele ir precedida de unos breves apuntes geográficos de la localidad [5] a la que hace referencia dicha nisba. Seguidamente, aparece la cadena onomástica conforme al esquema utilizado por Ibn al-Faraḍī (1988) –una de las principales fuentes de al-Rušāṭī–, conformada por los siguientes elementos básicos: 1. ism, ism al-ab, ism al-ğadd, etc., 2. nisba, 3. dīn, 4. min ahl/mawlid, 5. kunya, 6. laqab, 7. maestros (rawiya/ samiʻa), 8. discípulos, 9. viajes, estudios con..., 10. disciplinas religiosas, 11. calificaciones recibidas, 12. fecha de la muerte y 13. fuente de la que toma la noticia (Ávila, 1997: 47-48).

18El Iqtibās alcanza reconocido mérito conforme es transmitido por figuras como Ibn al-Abbār (1989), para quien estamos ante una obra sin precedentes y que goza de gran aceptación (waṣafa-hu Ibnu-l-Abbār bi-anna-hu lam yusbaq ilà miṯli-hi, wa istaʻmala-hu al-nāsu)” (al-Djāsir, 1991: 611). Ibn Ḫallikān, del mismo parecer, añade que es una fuente que ha sido mejorada y glosada por diversos autores posteriores (aḫaḏa-hu al-nāsu ʻan-hu wa aḥsana fī-hi wa ğamaʻa wa mā aqṣara)” (1972: 107) e indica que el destacado imam šāfiʻí al-Samʻānī (m. 1166) (1972: n.º 352) sigue el mismo método de composición que el empleado por al-Rušāṭī: “kitāb Iqtibās al-anwār wa-iltimās al-azhār fī ansāb al-ṣaḥāba wa ruwāt al-aṯār aḫada-hu al-nās ʻan-hu wa aḥsana fī-hi wa ğamaʻa wa mā aqsara wa huwa ʻalà uslūb kitāb Abī Saʻīd al-Samʻānī …”. Aḥmad Ibn ʻUmayra al-Ḍabbī (1967: n.º 943), discípulo de al-Rušāṭī, en su Bugyat, lo define como “obra única, universal y de gran utilidad (kitābun ġarībun kaṯīru al-fawāʼid wa ğāmiʻun)”.

19Estimando el prestigio y la transcendencia de la obra en al-Ándalus, el Magreb y en Oriente, Jacinto Bosch Vilá valora a al-Rušāṭī como el mejor tradicionista y genealogista de su tiempo. Ḥamdu al-Djāsir, por su parte, matiza que dicho reconocimiento le llega posteriormente (1991: 611) –“wa kāna li-ʻulamāʼi-l-Andalusi taʻwīlun kabīrun ʻalà haḏā al-kitābi, ammā al-mašāriqatu fa-yabdū anna-hu lam yaṣil ilay-him illa fī ʻahdin mutaʼḫḫirin”– y que le vino de la mano, en primer lugar, del ḥāfiẓ Ibn Sayyid al-Nās al-Yaʻmurī, autor de ʻUyūn al-aṯar (2008), obra para cuya elaboración bebió directamente del Iqtibās y, en segundo lugar, de Šihāb al-Dīn Abū-l-Faḍl Aḥmad Ibn ʻAlī Ibn Ḥağar al-ʻAsqalānī, autor de Kitāb al-Iṣāba fī tamyīz al-ṣaḥāba y Tabṣīr al-muntabih, según transmite Muḥammad Murtaḍ al-Ḥusaynī al-Zabīdī, en su Tāğ al-ʻarūsi min ğawāhiri-l-qāmūs, quien dice del Iqtibās: “wa kitābu-hu-l-maʻrūf fī-l-ansāb fī sittati asfārin ḍiḫāmin, yanqulu ʻan-hu al-ḥāfiẓ Ibn Ḥağar kaṯīran fī al-Tabṣīr” (Al-Djāsir, 1991: 611).

20Tres fueron los compendios elaborados en el al-Andalus peninsular que bebieron directamente del Iqtibās, de dos de los cuales nos da noticia Ibn al-Abbār. El primero pertenece al tradicionista murciano Abū ʻAbd Allāh ʻAbd Allāh b. ʻAlī al-Anṣārī (m. 1220-1 d.C.) y el segundo, Ḥadiqatu-l-anwār fī tadyīl iqtibās al-anwār wa iltimās al-azhār del sevillano Abū Muḥammad ʻAbd Allāh b. Qāsim b. ʻAbd Allāh b. Muḥammad b. Ḫalaf al-Laḫmī, conocido por Ibn al-Ḥarrār (m. 1248 d.C.) (Ibn al-Abbār, s.d.: n.º 850). Del tercero nos informa Ibn ʻAbd al-Malik al-Marrakušī, cuyo autor es el tradicionista y poeta Abū ʻAbd Allāh b. ʻAbd al-Raḥmān b. ʻAbd al-Sallām b. Aḥmad b. Yūsuf al-Gassānī al-Garnāṭī (m. 1222 d.C.).

21A estos compendios se les suman los dos que gozan de mayor relevancia a la hora de reconstruir el texto original del Iqtibās, y son el Qabas de al-Bilbaysī, obra que guarda ciertas semejanzas formales en su composición con el original de al-Rušāṭī, y el Iḫtiṣār del sevillano Ibn al-Ḫarrāṭ (al-Rušāṭī, 1990: 4-8). Por último, el propio Ibn al-Ḫaṭīb recoge un pasaje relativo a la ciudad de Córdoba en su Aʻmal al-aʻlām (Bosch-Hoenerbach, 1980: 85-87) presentando ligeras variantes con el que se conserva.


Los diccionarios bio-bibliográficos como fuentes de estudio del haz dialectal andalusí  Volver al inicio

22El estudio del género biográfico en al-Andalus no ha sido tratado en su conjunto en España, siendo los estudios de referencia, hasta la fecha de hoy, el Ensayo de Pons Boigues (1898) y las investigaciones de M.ª Luisa Ávila (1997). Dentro de las fuentes que ofrecen información válida en la investigación del dialecto andalusí sobre onomástica y toponimia, consideramos que los diccionarios biobibliográficos, tanto por el contenido de las biografías de los repertorios andalusíes como por la ordenación de la información, constituyen un corpus documental imprescindible.

23Como su nombre indica, los diccionarios biobibliográficos pertenecen al género biográfico (Ávila, 1997; Mediano, 1997; Gibb, 1962; Khalidi, 1973; Rosenthal, 1968, 1947; Hafsi, 1977a y b, 1976; Petry, 1981; Heffening, 1938; Abiad, 1979; Makdisi, 1993 o al-Qadi, 1995) y aportan a la cultura áraboislámica, además de los motivos anteriormente señalados, información sobre la construcción administrativa, antropológica y lingüística de al-Ándalus, desde épocas tempranas.

24El enorme legado biográfico andalusí refleja que, a partir de cierto momento, sus autores son conscientes de pertenecer a una tradición de transmisión y de comunicación, como se comprueba en algunos compendios cuya clara finalidad es la de completar (Ibn al-Abbār, s.d.) y continuar (Ibn Baškwāl, 1989) fuentes anteriores, consiguiéndose establecer un repertorio biográfico que abarca desde los albores del islam peninsulares hasta la época inmediatamente anterior a la de su autor e, incluso, coetánea (Ávila, 1997: 51).

25La génesis de este incipiente género surge en al-Ándalus a finales del siglo III H./IX d.C., conforme nos transmiten Ibn Ḥāriṯ al-Ḫušānī (1992) y Abū-l-Walīd Ibn al-Faraḍī (1988), con las Tabaqāt al-kuttāb bi-l-Andalus de al-Aquštīn Muḥammad b. ʻĀṣim (m. 919 d.C.) y las Tabaqāt al-šuʻarāʼ bi-l-Andalus de ʻUṯmān b. Rabīʻa (m. ca. 922 d.C.) y, probablemente, las Tabaqāt de Sakan b. Ibrāhīm (m. después de 932 d.C.), todos ellos textos perdidos (Ávila, 1997: 38).

26A partir del siglo IV H./X d.C., se considera el nacimiento de la literatura biográfica como tal, con la segunda generación de biógrafos que serán los que marcarán toda la tradición posterior. Estos diccionarios constituyen la base de los grandes textos conservados y relacionados con la actividad científica llevada a cabo por el califa al-Ḥakam II. Destacan figuras como Aḥmad b. ʻAbd al-Barr (Viguera, 1985-6) y Ḫālid b. Saʻd (ʻAbd al-Karīm, 1974: 247, n. 60), cuyas obras están perdidas y que conservamos gracias a Ibn al-Faraḍī (1988), Ibn al-Abbār (s.d.), Ibn al-Abbār al-Qudāʻī (1989), Ibn Saʻīd (1997), Ibn Ḥayyān (1981) y al-Nubāhī (s.d.), entre otros (Ávila, 1997: 38).

27Estos títulos se centran en la relación de personalidades relevantes de la cultura catalogadas “por gremios” –kuttāb, šuʻarāʼ, fuqahāʼ o quḍāt, principalmente– o por ciudades, como la obra de Ismāʻīl b. Isḥāq ibn al-Ṭaḥḥān (m. 994 d.C.) Kitāb fī riğāl ahl Istiğğaʼ, o la de Qāsim b. Saʻdān dedicada a la gente de Rayya (Ávila, 1997: 39).

28Ḫālid b. Saʻd será el primer autor que intentará incorporar en sus obras –Kitāb manāqib al-nās wa-maḥāsini-hā y Kitāb fī-riğāl al-Andalus– a todos los andalusíes de relevancia científica, siendo una referencia para los compiladores posteriores, como Ibn al-Faraḍī, Muḥammad Ibn al-Ḥāriṯ al-Ḫušanī, al-Ḥumaydī o el qāḍī ʻIyāḍ, y un referente de la nueva etapa que vive la literatura biográfica andalusí. Destaca, igualmente, Aḥmad b. Saʻīd b. Ḥazm, pero mayor notoriedad alcanzó una obra perdida, el Muḫtaṣar de Muḥammad b. Aḥmad b. Mufarriğ, que sirvió de fuente para el Ta´rīḫ ʻulamāʼ al-Andalus de Ibn al-Faraḍī.

29Los principales diccionarios dedicados a ulemas andalusíes son dos obras de referencia de Muḥammad Ibn Ḥāriṯ al-Ḫušanī, Quḍāt Qurṭuba y Aḫbār al-fuqahāʼ wa-l-muḥadiṯīn, siendo esta última el diccionario biográfico andalusí más antiguo que se conserva y cuyo contenido lo convierte en uno de “los textos básicos de la historiografía andalusí” (Ávila, 1997: 42). Entre este primer diccionario y el de Ibn al-Faraḍī, que supuso un hito dentro de la historia biográfica de al-Ándalus, por su precisión y rigor (Ávila, 1997: 43), se compusieron otros que se han perdido.

30Ibn al-Faraḍī es el genealogista del que más se sirvió al-Rušāṭī utilizó para componer su Iqtibās (De la Torre, 1994). De un total de las cuarenta y cinco nisbas recogidas en la parte referida a al-Ándalus, dieciocho son tomadas de él [6]. En tres ocasiones [7] no lo menciona, pero la información coincide totalmente con la que él proporciona. Y, también, parece haber sido Ibn al-Faraḍī la fuente de las noticias número 1, 22 y 23 del Iqtibās, aunque en esta última es difícil de confirmar. Según Concepción de la Torre, otras fuentes del Iqtibās son Ğaḏwat al-Muqtabis de al-Ḥumaydī [8] y Ṭabaqāt al-naḥwīyīn wa-l-lugawīyīn de al-Zubaydī [9]. Sus propios maestros son mencionados como fuentes varias veces. Sus tíos –Abū ʻAlī al-Ṣadafī [10] y Abū-l-Qāsim b. Fatḥūn [11]–, Abū-l-Ḫaṭṭāb b. Ḥazm [12], Ibn Mākūlā [13], Abū ʻUmar b. al-Ḥaḏḏāʼ [14], el propio Aḥmad b. Muḥammad b. Sulaymān al-Rāzī [15] e Ibn ʻAfīf [16]. De este último al-Rušāṭī nos transmite la realización andalusí del topónimo iberorromance objeto de nuestro estudio lingüístico, que analizamos a continuación.


Al-Muntağīl (= ¿Montiel?), /M[ʋ]nt[i][ḡ]il[l]iyyu/ /M[ʋ]nt[i][q]īll[uh]/ /M[ʋ]nt[i][k]il[l]iyyu/ (= ¿Montículo)? o /M[ʋ]nt[e][č]il[l]iyyu]/ (= *Montecellu> ¿Montecillo?)  Volver al inicio

31Al-Rušāṭī nos dice:

Al-Muntağīl [17] es un arrabal situado en la zona septentrional de la ciudad de Córdoba. Su nombre corresponde a una palabra de origen romance (aʻğamī) “monte” (ğabal) y ğabal (pequeño)[18] que significa `monte pequeño´. Está en un emplazamiento más elevado que los restantes de los alrededores de la ciudad (1990: 64).

32De este topónimo, al-Muntağīl, al-Rušāṭī nos transmite la nisba al-Muntağīlī [19] (1990: 64), por la que es conocido el célebre juez supremo de Córdoba Abū ʻUmar Aḥmad b. Saʻīd b. Ḥazm b. Yūnus al-Ṣadafī al-Muntağīlī (m. 950 d.C.) (Ibn al-Faraḍī, 1988: n.º 142; al-Ḥumaydī, s.d.: n.º 214; al-Ḍabbī, 1967: n.º 411; al-Ṣafaḍī, 2000, VI: n.º 547; Marín, 1995: 350-353), dejando documentado en su obra, redactada en árabe medio, la interferencia léxica del iberorromance sobre el haz dialectal andalusí, en la primera mitad del siglo X d.C., resultado de la progresiva sustitución de los primitivos romances peninsulares por la lengua árabe.

33Registra una serie de rasgos fonológicos –vocalismo, consonantismo y suprasegmentales– y morfológicos –morfología nominal–, que expondremos, siguiendo el método de Federico Corriente (1977) y José Pérez Lázaro (1990), al tiempo que apoyamos nuestra argumentación con la documentación histórica y geográfica, aportada por las fuentes árabes y los estudios relativos a las mismas, relacionada con el topónimo en cuestión.

34Las fuentes geográficas e históricas áraboislámicas (al-Rāzī, 1953; Ibn-Ḥawqal, 1967: 111-115; al-Idrīsī, 1994: 208-212; Ḥamawī, s.d. 4: 368-369; Murillo Redondo, 2013; Molina, 1983, I: 29-42; Vallvé, 1992; 1986: 251-257) documentan los cambios en la fisonomía urbana de la ciudad de Córdoba, que nos permiten conocer su evolución administrativa bajo el islam. Según al-Rušāṭī (1990: 18), en el momento que redacta el Iqtibās, en el año 1133 d.C., al-Muntağīl recibe el estatus de arrabal de la ciudad, frente al que le adjudica Emilio García Gómez (1965: 341) que tenía a mediados del siglo X d.C. de almunia, conocida como al-Muntalī, según transmite Ibn Ḥayyān en su Muqtabis (López Cuevas, 2013: 245, 251; García Gómez, 1967: 140), sita al noreste de la medina, que identifica García Gómez con el topónimo Montiel o Montel, diminutivos de la variante mozárabe montículo, de la que derivaría.

35Desde el punto de vista diacrónico, y considerando las explicaciones etimológicas y semánticas que al-Rušāṭī da del gentilicio, señalamos los siguientes procesos morfológicos y fonológicos [20] que evidencia:

36a) Morfología: Morfemas léxicos e inflexionales: Al-Rušāṭī [21] indica que el topónimo Muntağīl se compone del nombre de origen aʻğamī ‘monte’ y de -ğīl ‘pequeño’), de lo que se puede deducir que se trata de una adaptación morfofonémica (Pérez Lázaro, 1990: 5.9.1.4.) del topónimo tardolatino *Montecellu < Montĭcēllus, diminutivo de mons, montis (Corominas, 2012; Pascual Barea, 1997: 611), por la sufijación de -(c)ēllus> -(c)ellu, que permite la derivación en castellano del correspondiente apreciativo castellano -ecillo [22] (RAE, 2011: 9.5h; Lázaro Mora, 1977: 121; González Ollé, 1962: 177-216), muy frecuente en el árabe andalusí bajo la forma {-íl̬} (Corriente, 1983: 58) /{-el} (Pérez Lázaro, 1990: 5.8.4), como es general en los bisílabos llanos acabados en -e (RAE, 2011: 9.5h).

Al-muntağīlī, por tanto, deriva de dicho topónimo, determinado por el artículo al- y sufijado con la marca de nisba {-iy(y)} (Corriente, 1977: 5.9.0., 5.9.1.).

37b) Vocalismo: La transcripción grafémica que al-Rušāṭī ofrece de monte, munt, refleja una fonemización de /o/ en /u/ (Corriente; 1977: 1.3.1.) y de /u/ en el alófono [ʋ] (Corriente, 1992: 40), obteniendo las formas /m[ʋ]nt/, /m[ʋ]nta/ o /m[ʋ]nte/, este último caso resultado de la palatización o imāla de primer grado /a/ > [e] (Corriente, 1977: 1.1.5.), que es la transcripción grafémica –Monte Ğīl– que propone Asín Palacios, sin aportar “localización precisa” (1944: 70). Igualmente, la transcripción grafémica de la vocalización del afijo -ğīl, revela el uso de matres lectionis (Corriente, 1977: 3.1.1.), en la vocalización de la i tónica del sufijo romance -(c)ellu.

38c) Fonemas suprasegmentales: Una prueba grafémica de este uso queda reflejado en la prolongación de la vocal del afijo -ğīl como marca del acento de intensidad (Corriente, 1992: 60; 1977: 3.1.1.) y en una hipotética geminación de la consonante en posición postónica, representada mediante su grafema correspondiente en árabe, el tašdīd, dando como resultado /-ğīl[l]/ (Corriente, 1977: 3.1.5.). La transcripción grafémica de la terminación {-iy(y)} (Pérez Lázaro, 1990: 5.9.0; Corriente, 1977: 5.9.0), pudiera presentar una sukunación de la yāʼ de la nisba, fruto de un desplazamiento del acento, que reflejaría la prolongación de la vocal del afijo >ğīl[l]<, dando un resultado المُنْتَجِيلِيْ (Muntağīl[l]ī) por المُنْتَجِيلِيُّ (Muntağīl[l]iyy) o المُنْتْجِيلِيْ (Muntğīl[l]ī) por المُنْتْجِيلِيُّ (Muntğīl[l]iyy) [23].

Este fenómeno pudiera considerarse consecuencia del desuso, por parte del árabe andalusí, de la declinación nominal del árabe clásico (Pérez Lázaro, 1990: 5.5.0; Corriente, 1977: 5.4.0).

39d) Consonantismo: En -ğīl[l], podemos plantearnos dos realizaciones fonéticas diferentes de la consonante /ğ/:

(1) Una primera, considerando que sea una transcripción grafémica del sufijo del latín tardío -cellu, documentado en el romancismo *montecellu, anteriormente indicado y que derivó en Montejil, “el nombre de tres lugares de Andalucía en las provincias de Cádiz y Sevilla” (Pascual Barea, 1997: 607) y que, en consecuencia, equivalga al fonema fricativo /č/ con una transcripción intermedia entre la consonante sibilante >s< y la >c< (/θ/) (Corriente, 1992: 54; 1981: 10; 1977: 2.19.4.), que podría considerarse -ğīl[l], como el sufijo romance -/čil[l]/. En este caso, la consonante ğim de Muntağīl/ Muntğīl sería una realización fonética del fonema /θ/, pero con un matiz sibilante. Este proceso explicaría el significado en romance de “pequeño” dado por el autor.
El propio al-Rušāṭī transmite que en su entorno familiar se producía confusión en la fonación de las consonantes ğīm, šīn y zayn (Al-Djāsir, 1991: 612; Molina, 1987-8: 557-559): “wa haḏihi-l-šīnu laysat bi-ḫāliṣatin, bayna al-šīni wa-l-zayni wa-l-ğīmi fa-hiya tuktabu bi-ḏālika, ġayru anna allaḏī tuwāriṯunā-hu” (“Este šin no está claro, pues [el fonema] está entre šīn, zayn y ğīm y la palabra se escribe de esta manera, pero lo que nosotros hemos heredado es escribirla con šīn)”, en referencia a la pronunciación y transcripción fonética de su apodo, Rušṭāl[l]uh (رُشْطاله) [24] según Ibn Ḫallikān (1972: n.º 352) y según Emilio Molina López, “Rušatello” (1986: 493-4; al-Rušāṭī, 1990: 18), en la forma arabizada del romancismo del apelativo cariñoso que recibió un antepasado suyo de su nodriza cristiana. Rušṭāluh derivará de un nombre romance preexistente “rūša [25] –“warda” en árabe–, por sufijación árabe de nisba (Fierro, 1994: 654-655), provocando su arabización, Rušāṭī, y dando lugar a un cambio de su categoría gramatical inicial.

(2) La segunda realización fonética sería resultado de una velarización de la ğīm en /k/, fonema que representaría la consonante >c<, que contiene el sufijo del cultismo montículo (Corominas, 2012; García Gómez, 1965: 341; López Cuevas, 2013: 245 y 251).

40La confusión diatópica, diastrática y diafásica registrada entre las tres consonantes, podría corroborar la realización fricativa intermedia de ğīm y su correspondiente transcripción del fonema /č/ como un grafema intermedio entre la consonante sibilante s y la c (/θ/) con un posible resultado /m[ʋ]nt[e][č]il[l]iyyu]/ [26], con significado “el originario de ¿Montecillo (del latín tardío *montecellu)? (Pascual Barea, 1997) o /m[ʋ]nt[i][ḡ]iliyyu/ [27], que derivaría a /m[ʋ]nt[i][k]iliyyu/, correspondiente al cultismo “montículo” y como tal, sería una incorporación tardía que no sufre alteración ninguna de las transformaciones fonéticas regulares, la cual consideramos menos probable.

41Con respecto a la lam final, al-Rušāṭī, no nos facilita información fonética o etimológica. Desconocemos si lleva tašdīd, pero si consideramos la pervivencia del topónimo del latín tardío *Montecellu, podemos relacionar esta contingencia con la variante diatópica del andalusí de la zona levantina, de la que es originario nuestro autor, con respecto a la formación de los diminutivos. Al respecto, Fórneas Besteiro (1967) señala la existencia de un proceso de formación de diminutivos característico del andalusí levantino, recogido en la Bugya de al-Suyūṭī (1979 II: 45-46), extraído, a su vez, de al-Ḏayl de al-Marrakušī (1964-1965), donde transmite que “A los diminutivos masculinos se les sufijan un lām con tašdīd con vocal u (= >-llo<), vocal que es a, si los diminutivos son femeninos (= >-lla<), añadiendo en ambos casos un hā´ con sukūn” (Forneas Besteiro, 1967: 449-450).

42Siguiendo estas indicaciones, -ğīl[l] podría transcribirse -ğillu, dando como resultado fonético posible la forma /M[ʋ]nt[e][č]i[llu]/ pero no equivaldría estrictamente a -ğilluh, que nos llevaría directamente al sufijo diminutivo -[čillo], dado que no aparece la grafía final de la consonante hāʼ vocalizada con sukūn, como sí refleja al-Rušāṭī en algunos potamónimos de origen latino: Nahr Tayuh –río Tajo– (1990: 88), Nahr Abruh –río Ebro– (1990: 50, 80). Sin embargo, desde el punto de vista sincrónico, Corriente (1990: 58; 1977: 2.27.1) nos hace saber de la existencia de la pérdida de la /h/ espirante en posición final debido a su débil articulación, lo que nos hace pensar que podamos estar en este caso.


Conclusión  Volver al inicio

43El topónimo al-Muntağīl ofrece una realización diatópica –del andalusí levantino, diastrática y diafásica– propia del autor de una obra genealógica destinada para tradicionistas, geógrafos y genealogistas de todo Dār al-islām, que no nos permite identificar, sin reserva alguna, su identificación con la almunia de Montiel, dado que las investigaciones arqueológicas sobre la evolución histórico-administrativa de la ciudad de Córdoba no pueden determinar su existencia con toda seguridad (Arjona Castro, 2013; 199-224; Guichard, 2013).

44No obstante, la aportación lingüística –etimológica, morfológica y fonética– que al-Rušāṭī proporciona del gentilicio, ofrece una variante fonética diacrónica de un término iberorromance que pervive en las fuentes geográficas árabes andalusíes y orientales de entre los siglos X-XIII d.C. y que puede tener una correspondencia con posibles emplazamientos documentados en las fuentes historiográficas y geográficas áraboislámicas. Esta circunstancia posibilita considerar, junto con las geográficas y las históricas, las obras genealógicas, en general y las biobibliográficas de carácter misceláneo, en particular, como fuentes válidas para el estudio del andalusí.


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[1] Corpus amplio y heterogéneo de textos y documentos producidos en el seno del Dār al-islām, en árabe clásico, medio y en sus variantes dialectales, que abarcan todos los ámbitos del conocimiento del islam árabe, durante el período comprendido entre los siglos VIII d.C. y XVI d.C. y que poseen un interés relevante para el estudio de la cultura árabo-islámica en general.

[2] Consúltese la bibliografía.

[3] Cuyos estudios recomendamos por la detallada bibliografía ordenada y comentada que aportan, la cual referenciamos someramente.

[4] Su título completo es Kitāb iqtibās al-anwār wa iltimās al-azhār fī ansāb al-ṣaḥāba wa ruwāt al-aṯār, traducido al castellano por Emilio de Santiago Simón (1973) como “Libro de la adquisición de las luces y examen de las flores acerca de las genealogías de los compañeros del Profeta y de los tradicioneros”.

[5] En algunos casos, solo se indica una ubicación vaga de la misma (Rušāṭī, 1990: 91); en otros, determinadas características de la ciudad e incluso el nombre de su fundador (Rušāṭī, 1990: 25-27; 59-61); y en terceros casos se dedican extensos pasajes a contar la historia, características y cualidades del emplazamiento (Rušāṭī, 1990: 54-55; 76-78).

[6] Noticias 1, 2 y 3 de las correspondientes a las que comienzan por la letra alif, extraídas de al-Qabas, por un lado y, por otro, del Iqtibās –las número 3, 6, 11, 12, 14, 15, 16, 17, 18, 21, 24, 28, 29, 31 y 38–.

[7] Noticias número 13, 25 y 36 del Iqtibās.

[8] Noticias número 1, 20, 30, 32 y 40 del Iqtibās.

[9] Noticia número 9 del Iqtibās.

[10] Noticia número 4 del Iqtibās.

[11] Noticias número 1 y 6 del Iqtibās.

[12] Noticia número 5 del Iqtibās.

[13] Noticia número 19 del Iqtibās.

[14] Noticia número 7 del Iqtibās.

[15] Noticia número 15 del Iqtibās.

[16] Noticia número 22 del Iqtibās.

[17] Propuesta de transcripción del editor (al-Rušāṭī, 1990: 23).

[18] El afijo de munt (Šākir al-Faḥḥām, 1992: 324) contiene una errata en la segunda radical, apareciendo como consonante bāʼ جبل , debiendo aparecer ğīm جيل: “wa-l-ṣawāb: wa ğīl: ṣaġīr (ğīl bi-yāʼ muṯnātin taḥtiyyatin)”. Conforme especifica Yāqūt al-Ḥamawī, la vocalización de la ğīm corresponde a una imāla de segundo grado: “Muntğīl/, con ğīm e imāla la yā´ lleva sukūn y lām” (s.d., vol. V: 240).

[19] Primera propuesta de transcripción grafémica nuestra, con restauración del vocalismo presumible, derivada de la proporcionada por el editor, vide supra nota a pie de página 17.

[20] Aplicamos esta prelación, en lugar de la tradicional –primero aspectos fonológicos y, después, morfológicos–, para hacer más clara nuestra argumentación.

[21] Lo transmite de Ibn ʻAfīf (m. 1019 d.C.) (Castilla, 1990: 113, n.º 1).

[22] Por limitaciones de espacio, no nos detendremos en el análisis de los conceptos morfológicos más controvertidos en el análisis de la morfología apreciativa –marca de palabra y terminación/desinencia–, ni de las características relativamente anómalas de la derivación apreciativa en el sistema morfológico español. Para nuestra argumentación, seguimos la postura de la RAE de no considerar -ec- como interfijo, al no aportar significado a la denotación de la palabra derivada (RAE, 2011: 9.4f).

[23] Transcripciones nuestras conforme a la propuesta de Pérez Lázaro (1990: 5.9.1.9.).

[24] رُشاطة , “Roxétha”, según F. Javier Simonet (1982: 496). Sobre el arraigo de los sufijos diminutivos romances en situaciones de bilingüismo peninsular que tenía el árabe andalusí consúltese Fernando González Ollé (1962: 113-120).

[25] Que significa lunar grande” (šāma) (al-Rušāṭī, 1990: 18).

[26] Propuesta nuestra conforme a las indicaciones lingüísticas de al-Ḥamawī (s.d., vol. V: 240), Ibn al-Ḫarrāṭ (Molina, 1990: 166), al-Rušāṭī (1990: 64) e Ibn Ḫallikān (1972: n.º 352).

[27] Propuesta nuestra conforme a las indicaciones filológicas de Martínez Ruiz (1981).



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