Dirāsāt Hispānicas

Descripción: http://www.trea.es/material/imagenes/Empreintesespagnoles.jpg Boubaker, Sadok y Clara Ilham Álvarez Dopico, ed. (2012). Empreintes espagnoles dans l’histoire tunisienne. Gijón: Ediciones Trea, 234 p.

Bernard Vincent - École des Hautes Études en Sciences Sociales, París

 

1Este volumen, publicado en lengua francesa en una colección española, es una obra singular, fruto de una excelente cooperación hispano-tunecina. Lo impreciso del título expresa bien, en realidad, el contenido. Las huellas (les empreintes) españolas en la historia de Túnez son múltiples y muy diversas. Se conoce bien (aunque el estudio está lejos de su agotamiento) la impronta morisca debida a la llegada de decenas de miles de expulsados de España entre 1609 y 1614, y una de las cuatro contribuciones aquí reunidas, la de Lotfi Aïssa aporta una nueva luz sobre el texto de Ibn ‘Abd ar-Rafi (Al-anwar an-nabawiyya), un morisco afincado en 1597 en Túnez. Lotfi Aïssa muestra como el autor intenta combatir la campaña de denigración de la cual son víctimas los moriscos recién instalados por parte de la sociedad autóctona, pronta a considerar a los exiliados portadores, según ella, de una cultura musulmana sospechosa. Un largo fragmento de la obra d’Ibn ‘Abd ar-Rafi se ha editado por primera vez de manera completa en su traducción francesa.

2Este interés por el documento original ofrecido al lector es común a los cuatro autores. Sus contribuciones, más el apéndice, constituido por las fuentes, ponen a disposición del lector los elementos primarios que sirven de base a los análisis de los estudios. Y le dan la posibilidad de valorar la calidad de estas huellas. Fuera de la de los moriscos a principios del siglo XVII, las demás abarcan un largo tiempo. Mientras Sadok Boubaker examina las relaciones entre el emperador Carlos V y el sultán hafsí Mawlay al Hasan entre 1525 y 1550, Clara Ilham Álvarez Dopico disecciona y compara dos importantes textos, la Colonia Trinitaria del religioso español Francisco Ximénez y la relación de viaje del médico francés Jean-André Peyssonnel, escritos ambos en la primera mitad del siglo XVIII, en tanto que Kamel Jerfel se dedica a reconstruir la carrera de varios miembros de la familia Soler, originaria de Menorca y muy activa en las relaciones entre Túnez y España a finales del XVIII y principios del XIX.

3De esta manera el objetivo de los autores consiste en enseñar acertadamente que la Regencia y la Monarquía Hispánica no han dejado de tener intercambios ricos y complejos durante tres siglos. Desde 1535, fecha de la expedición de Carlos V, hasta la consolidación del consulado español en Túnez en los años veinte del siglo XIX, se ha pasado después de muchos acontecimientos (pensemos en la toma de Túnez por Juan de Austria en 1573 y su recuperación por los otomanos al año siguiente) de una relación asimétrica con dominio español muy marcado a una normalización equilibrada entre los dos Estados. La periodización elegida es muy significativa.

4La postura de Mawlay al-Hasan ha sido tradicionalmente objeto de comentarios lapidarios. A los ojos de la historia, obviamente, sobre todo de la otomanófila, el sultán pasa por un traidor que llamó a los cristianos, les abrió su capital y se hizo su aliado. Pacientemente, Sadok Boubaker ha reunido los elementos del dosier – que figuran en gran parte en el apéndice –, los desmenuza uno a uno y los aclara con el contexto. Una labor impecable.

5No se trata de rehabilitar a al-Hasan, sino más bien de intentar entender unas decisiones que dependen en gran parte de las relaciones de fuerzas y que no tienen en aquella época nada de insólito. Otros príncipes musulmanes se han aliado en el siglo XVI a príncipes cristianos y estos, entre ellos, reyes españoles, se han acercado a los otomanos o a los persas. Cada uno de los episodios de la vida de al-Hasan está minuciosamente examinado y, en particular, el tratado del 6 de agosto de 1535, que impone el protectorado español al Estado hafsí, a través de sus dos versiones árabe y castellana y de su traducción francesa. Los confusos años 1535-1550 están marcados por la degradación de las relaciones entre los españoles dueños de la Goleta y al-Hasan y por nueve expediciones militares terrestres y navales que no permiten al sultán destronado recuperar su reino confiscado por su hijo Ahmed.

6La aportación de Clara Ilham Álvarez Dopico sigue un camino bastante similar. Se trata de poner en tela de juicio un tópico de la investigación, el que ha hecho del médico marsellés Peysonnel un observador excepcional de la realidad tunecina del siglo XVIII y, por ejemplo, el primer cristiano en entrar en Kairouan. Aquí no se trata de quitar todos sus méritos a Peyssonnel, sino, gracias a la comparación de sus páginas con las de su coetáneo Ximénez, de medir sus silencios y señalar sus numerosos préstamos para con el trinitario con el que hizo un viaje y cuyos manuscritos leyó. La comparación de sus escritos respectivos es elocuente. Y, en términos generales, el examen atento de las páginas de Ximénez, del que se colige que fue él el primer cristiano que entró en la gran mezquita de Kairouan, donde dijo misa, revela a un autor digno del mayor interés. Hay que alegrarse de que Clara Ilham Álvarez Dopico prepare una edición anotada de su Colonia Trinitaria de Túnez mientras Raja Bahri y Miguel Ángel de Bunes trabajan en la de su diario titulado Discurso de Túnez. De hecho, la aportación de la obra de Pedro Ximénez es considerable. Merece alcanzar el rango que le corresponde entre los más lúcidos autores de relatos de viajes del siglo XVIII. De esta manera, Clara Ilham Álvarez Dopico propone descubrir a un autor injustamente desconocido y ver cómo construyó sus escritos otro al que pensábamos conocer correctamente. El interés de Peyssonnel radica en aspectos hasta ahora insospechados.

7En su estudio de la familia Soler, Kamel Jerfel arroja luz tanto sobre los lazos de la isla de Menorca con Túnez como sobre la capacidad de un clan que desarrolló sus actividades, primero, comerciales y, luego, diplomáticas en el norte de África, en Trípoli y en Túnez. El segundo aspecto de sus actividades es el objeto principal de esta monografía, y así vemos como la generación de los Soler nacida a mediados del siglo XVIII sale progresivamente de su isla y construye una red de relaciones muy eficaz gracias, sobre todo, al casamiento de uno de ellos, Jaime, con una hija del cónsul de Holanda en Túnez. De este modo, los Soler pudieron participar en la larga elaboración del tratado de paz entre España y Túnez, firmada en 1791, el último que España firmó con un Estado del Magreb y que fue concluido veinticuatro años después del tratado con Marruecos.

8Jaime fue el segundo cónsul de España en Túnez entre 1796 y 1798. Sus tres hijos fueron también agentes consulares: el mayor, Arnaldo, cónsul general de 1807 a 1816; y sus hermanos Pedro y Carlos, cada uno, posteriormente, vicecónsul. Otros miembros de la parentela ejercieron cargos similares a principios del siglo XIX en Esmirna o Alepo. Sin embargo, Kamel Jerfel subraya que la desaparición de Túnez de los Soler en 1828 se debe a su papel excluyente en la defensa de los intereses españoles en detrimento de los de la Regencia. Así pues, no consiguieron integrarse en la sociedad tunecina.

9El valor de estas contribuciones siempre eruditas está realzado aún más por sus cualidades formales. Es un libro bien escrito, con un estilo agradable al que acompaña una interesante iconografía (mapa de los viajes de Ximénez y de Peyssonnel, árbol genealógico de los Soler, planos del fuerte de la Goleta, fotos de cuadros de páginas de manuscritos, etc. A todo este material se añaden los documentos transcritos en los apéndices, lo cual hace de este volumen una obra de referencia.

 

 



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