Dirāsāt Hispānicas

García Galiano, Ángel (2013). El fuego sordo. Lecciones de literatura contemporánea. Madrid: Ediciones Xorki, 672 p.

Assunta Polizzi - Universidad de Palermo, Italia

 

1El ensayo de reciente aparición de Ángel García Galiano aúna con éxito su constante reflexión crítica sobre temas literarios con su vocación didáctica, la cual, desde hace años, lo acerca a generaciones de estudiantes con los que logra una provechosa ósmosis de generosos enriquecimientos. El profesor, crítico y escritor aprovecha, desde su aventura pedagógica, la posibilidad de “poner orden” en ideas, esbozos de reflexiones o escritos articulados y complejos en torno a las figuras de una serie de intelectuales de los siglos XX y XXI, en un amplio marco de referencia geográfico-cultural, los cuales alimentan el propio universo poético o, en todo caso, configuran veneros imprescindibles que el lector especialista ofrece a los jóvenes apasionados de la palabra literaria

2El libro se articula en tres secciones, que arrancan su derrota en el espacio cultural español, continúan después a través del puente lingüístico por la senda de los autores hispanoamericanos y se expanden finalmente hacia una constelación de experiencias literarias, algunas de las cuales de sorprendente interés e interrelación. Es aquí donde el ensayo parece imaginar como posible la superación de los límites geográfico-lingüísticos de la expresión literaria, parece elevar su mirada o elevarse él mismo en busca de perspectivas incluyentes, acaso más ligeras y a la vez agudas, receptivas, sin embargo, de los recientes procesos de producción cultural.

3El primer capítulo, “Hogueras peninsulares”, inclina su reflexión sobre el fecundo cervantismo de Francisco Ayala, que se manifiesta, de modo particular, en la asimilación de la práctica que ve necesariamente convergente, para Cervantes, la actividad de la escritura, el análisis de los procesos de la construcción del texto y la teorización del canon como superación del mismo. Otro gran discípulo cervantino, Gonzalo Torrente Ballester, se ofrece a reivindicar el axioma que entiende a Cervantes “centro y quicio de la evolución narrativa de la modernidad”. De este modo, el ensayo del escritor gallego, El Quijote como juego, puede convertirse en un provechoso instrumento para penetrar en los entresijos de su propia obra, incluso para hacernos compartir con García Galiano su intuición acerca de la invención, por parte de Torrente Ballester, de un espacio mítico y real al mismo tiempo, un leit motiv, una fusión audaz e irónica de mito e historia. Esta sección continúa con el apasionante rescate de la obra de Antonio Prieto, cuya riqueza reside en la precoz adopción, en su escritura, de todos los componentes que en los años sesenta se convertirían en signos de la renovación formal de la narrativa europea: perspectivismo, uso de las elipsis, variación del punto de vista, impresionismo subjetivo que ve de trascender el narrador realista, narración especular... Con el capítulo sobre Bernardo Atxaga aparece el García Galiano creador, en un interesante ejercicio de homenaje e hibridación: el canónico ensayo crítico, que hasta aquí había conformado estas “lecciones” literarias, recupera el diálogo pedagógico y pone en escena la personificación de las letras del alfabeto, las cuales interrogan al estudioso, al profesor, y lo impelen a reflexionar, a explicarse y explicar la articulación del significado del espacio en la obra del escritor vasco. De ello resulta un original estudio y una muy útil “lección”, en su acepción horaciana. La sección se cierra con un capítulo que reconoce las trazas herméticas en la narrativa española actual. En los últimos veinte años, sostiene el García Galiano crítico, muchos novelistas han encontrado en ciertos aspectos del hermetismo útiles aparejos con los que construir sus propios textos, instalados así como observatorios desde los que indagar en torno a la dimensión del yo en el mundo. Se abre así, además, la posibilidad de dar finalmente la bienvenida a la narrativa fantástica en el ámbito de la literatura española: “El famoso dogma sobre el inherente realismo de la literatura española fundado en el Quijote es ciego” (120).

4La segunda sección, dedicada a la narrativa hispanoamericana, arrima sus ascuas a la obra de Borges, Cortázar, García Márquez y Vargas Llosa. Los dos ensayos dedicados a Borges, repaso incisivo sobre su obra, el primero, “laberíntica” refutación de un estudio sobre la relación entre Borges y Giordano Bruno el segundo, de nuevo otra vez mostrando la fascinante hibridación de la escritura reflexiva de García Galiano, la cual se nutre de la palabra fabuladora sin perder la vista ni la pluma sobre el discurso analítico. A partir de la exposición de la “Teoría del túnel” se establece un recorrido sobre la producción literaria de Julio Cortázar. El título del libro que nos ocupa y su epígrafe: “Sí, pero quién nos curará del fuego sordo”, son un homenaje a Rayuela, clave mandálica de lectura, vórtice de indagación.

5“Otras luminarias”, ultima sección del libro, principia con la presentación, con la delicadeza y el talante al que nos tiene habituados García Galiano en estas lecciones, de la portentosa mistificación de las obras narrativas de Umberto Eco, más que un novelista, un fabulador, un cuentacuentos, excelso muñidor de tramas eruditas, fabuloso constructor de artefactos narrativos, capaces de seducir a los lectores pero que, en la última página, apagan el mecanismo celado en su interior sin de verdad haber mostrado, más allá de su orfebrería, el fulgor del alma de la historia imaginada. Tras una exhaustiva lectura de la obra del belga Hugo Claus, el recorrido se aleja cada vez más de los senderos conocidos e ilumina la literatura estonia traducida en España. La reflexión alza el vuelo a partir de una historia que se trueca en símbolo, la de un pájaro que en el crudo invierno báltico sobrevive gracias al trozo de tocino que los campesinos cuelgan para él en un gancho de sus ventanas, sobre la helada inmensidad de la llanura. Jaan Kros, Viivi Luik, Emil Tode y Jüri Talvet, escritores estonios realmente fascinantes, se convierten así en significativos ejemplos de una bandada de intelectuales que en escasas pero luminosas ocasiones editoriales han encontrado en España, recientemente, un pedazo de tocino en la ventana para poder sobrevivir a ese estulto y ciego menosprecio hacia las lenguas y culturas minoritarias. Tras de lo cual, partimos hacia el corazón de África, hacia la excolonia española de Guinea Ecuatorial, donde el autor investiga la producción literaria que teje relaciones en torno el encuentro-desencuentro entre colonizados y colonizadores y sobre el tema de la emigración subsahariana que irrumpe, con páginas terribles e iluminadoras, en las ciudades europeas. Del estadounidense Thomas Pynchon, en el capítulo a él dedicado a partir de un estudio sobre su novela El arco iris de gravedad, aprendemos que no es posible resumir sus textos porque en su narrativa portentosa, como en la poesía de Eliot, el final está ya en su comienzo, quien busca es el buscado, como la consciencia de Tyrone Slorthop, obligada a indagar y a comprender. Y luego el elusivo irlandés Patrick Hannahan y su inclasificable Gigamesh, libro-mundo, aleph literario, novela abismo, que se convierte en fuente de inspiración por ejemplo para Torrente Ballester, quien hasta tuvo ocasión de conocerlo, junto a relevantes figuras literarias del falangismo, durante su única visita a España. El último capítulo del libro abandona la reflexión sobre la palabra escrita para abismarse con entusiasmo en el universo de la palabra cinematográfica de las series de televisión, nuevos y necesarios “odres” en los que contar la nueva mirada sobre el mundo que acompaña siempre a un cambio de paradigma y su cosmogonía. Se trata, en ciertos casos, de excelentes formas de expresión de la cultura de masas, análogos a los libros de caballerías, que han superado el estadio de subliteratura de los primeros modelos y se postulan como canon de la nueva visión cultural a partir de una extraordinaria calidad fílmica y narrativa. El análisis que se ofrece sobre The wire, serie televisiva creada por David Simon y Ed Burns, se torna precisa, apasionante, probablemente porque para estos nuevos “odres” se hacen necesarios también nuevos modelos analíticos: “en la nueva mímesis el espejo se ha roto, a cambio todos sus añicos están interconectados, funcionan como holograma, a star is a seed, a seed is a star, el cosmos es un ilimitado territorio impermanente, inconsútil y concasual” (239).




Licencia de Creative Commons
Este trabajo está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.